viernes, 19 de diciembre de 2014

Sin título

Demasiado tiempo
de vida sustentada sin el más mínimo cimiento;
demasiadas cosas que penden de un hilo incierto,
cosas sin acabar
colgando con peso muerto.
Cosas que ni el diablo querría comprar,
hechas de fuego frío y de malos recuerdos.

Demasiado tiempo,
tiempo que se funde en un portal de silencio,
tiempo que se escurre entre los malditos dedos
pero que nunca te dejará.
¿Y qué importa que sea esto o sea lo otro,
qué importa en realidad
si lo único que quiere el mundo es vernos muertos?
Descansando en la tumba del olvido,
con una necrológica de olvido
anunciada en el periódico en un día normal.
Cubiertos por la tierra del olvido,
siempre bajo el cielo del olvido,
un cielo que brilla sin fuerza otro día más.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Poema a dos voces y extraño

En tu vida una herida,
las cicatrices huyeron,
queriendo salir de este frío mundo,
aunque los trenes a la luna no son gratis.
Ahora me espera otro lugar
(los curas lo llaman el infierno),
cálido cobijo que da vida,
y tanta vida te da y a tu piel fuego.
Ardiente mundo y aun así más acogedor que el de arriba
(lo llaman cielo aunque no es para los muertos),
lo llaman Tierra cuando hay más maldad que en el infierno,
parece que la única salida es el entierro;
un final tan deseado que no sabes si después hay más dolor o por fin un descanso,
tal vez sea la cura para los más enfermos
y la salida para los más débiles,
para los que enfrentarse a sus monstruos no supieron.
Bonito final deseado, esperado.
Los libros dicen trágico, no sé si creerlo,
trágicamente demasiada espera
(no se puede saber en boca de los que mintieron)

viernes, 29 de agosto de 2014

Eco

Es tan gracioso que a veces seamos nosotros los que cavamos nuestra propia tumba... Y digo gracioso porque cualquier otro adjetivo sonaría dramático. Pero cambiando de tema: es gracioso que cuando ya no hay nada que hacer es cuando las personas nos enternecemos más.

El planeta Tierra se mece sin sonido alguno,
y a lo lejos, una esfera brillante hay que anuncia el final.
Pero ¿cuánto tiempo nos queda?, pregunta Oscuro,
y su madre, asustada, no sabe contestar.

El sol se abalanza sobre ellos con sigilo,
y Oscuro suspira y abraza a su madre,
mientras el viento los empuja como a niños
y el calor empieza a volverse asfixiante.

¿Cuánto tiempo nos queda, mamá?, repite,
extrañado porque todos tengan tanto miedo.
Cuatro minutos, responde, o eso es lo que dicen.

Y al final de un mundo que está muerto
desde el momento en que nació, los rifles
vuelven a su sitio en el infierno

     [y son sustituidos por abrazos]

Todo lo que queda

Mi
aire
mis venas
mis huesos
me lo habéis quitado
os la habéis llevado
mi alma
y no
me queda nada,
y si a alguien le importa que escriba
lo que ahora mismo me da la gana,
que hable
y diga
hasta que alguien se lo prohíba
pero yo no voy a ser
en todo caso voy a
ver
el cielo antes de que se extinga.

jueves, 28 de agosto de 2014

Soldados de hojalata

Vamos a encontrarnos como dos, dos soldados de hojalata
que juegan y se destruyen pero nunca se hacen nada.
Son tan falsos, tan falsos como una madrugada
en la que la soledad les ha robado la esperanza.
Y esperan, esperan a la salvación inesperada,
esperan, hacen del mundo una nota inacabada.
Vamos a encontrarnos como dos, dos soldados de hojalata,
vamos a ser niños en este campo de batalla,
Vamos a fingir que no importa lo que nos hagan,
que no hay armadura capaz de ser quebrada.
Cree conmigo que la luna es de plata
y no de un mal grisáceo que vomita viles palabras.
Escribe conmigo un poema sobre las hadas,
que sobrevuelan el mundo y vuelven las horas mágicas.
Vamos a encontrarnos como dos, dos soldados de hojalata
en este mundo pálido en el que ya no queda nada.
Ignora conmigo que somos un punto en la mañana,
que los albores del tiempo nos arrastrarán con saña,
nos harán sufrir el miedo al horror que nos encanta,
el miedo a ser repudiados por nuestras propias almas.
Vamos a encontrarnos como dos, dos soldados de hojalata,
vamos a olvidar que somos un juego y una farsa.

miércoles, 27 de agosto de 2014

A base de patadas

Quiero decir que hay algo erróneo en forjarse una personalidad a base de patadas. Quiero decir, también, que entonces no es mi personalidad la que está errónea, sino algo llamado victimismo. Madre mía, ¿sabéis esa gente que repatea tanto porque se hace la víctima? Yo soy una de ellas. Creo. Al menos lo reconozco, ¿no? Pero no estoy segura de que eso sirva para algo.

Resulta que he pensado mucho desde mi última entrada; en realidad, ya desde antes de escribirla llevaba un buen tiempo pensando demasiado. Y al final, ¿qué ocurre? Pues que el cerebro se anula y ya no puedes pensar si quieres seguir subsistiendo. También ocurre que te enganchas a ciertas drogas como la televisión, el ordenador, el aburrimiento o la ignorancia. Aunque, pensándolo bien, el aburrimiento no es una droga, sino la causa y la consecuencia de mi victimista problema. Mírame (mira la pantalla), ya ni siquiera sé quién soy. No sé si miento o digo la verdad.

Al final me sumerjo en un mundo donde la rutina, los momentos felices y la lucha por adjudicarme un sitio se convierten en mi principal preocupación. Creo que es una manera automática e inconsciente de bloquearme, de bloquear lo que me causa tanto dolor. ¿Y sabéis qué? Es estúpido que casi lo único que me haga daño sea yo misma. He pensado tantas cosas, he soñado tantas otras, que la lista se ha hecho demasiado grande como para poder ser cumplida. Y dado que no sé elegir, la he tachado por completo (pero aún sigue ahí colgada, ahí, en un rincón de mi mente) y he escrito sobre ella: NORMALIDAD. Vida diaria. Lo que se supone que debo hacer.

Alguno me diría: ve a un psicólogo. No estoy segura de que sea una buena opción, básicamente porque a) a mi juicio, los psicólogos no me ayudan, y b) tampoco estoy para ir a un psiquiatra. Así que aquí estoy. No me interesan los blogs de motivación personal, y por si alguien aún no se ha dado cuenta, este no es uno de ellos. Ojo, no pretendo que aquí nadie se desmoralice, ni encuentre técnicas que le hagan sentir mejor. (Si lo hacéis es cosa vuestra y contenta estaré, pero posibilidades aparte) la intención es simplemente contaros una pizca de mi vida, la que solo un par de personas conocen, si es que llega a tanto.

Otra cosa de la que voy a hablar es que me pasa algo curioso últimamente. Sueño mucho. No me refiero a imaginar o ilusionarme, sino a tener sueños, mientras duermo. Y prácticamente cada día me despierto con uno en la cabeza. Normalmente les encuentro detalles que coinciden con la realidad, con algo que he vivido o pensado. Pero otras muchas son mis deseos hechos realidad (dentro de una realidad muy imprecisa), y otras veces, mis miedos. En mis sueños, soy la persona que querría ser, y que no sé si soy. Ni siquiera me conozco lo suficiente para saberlo. Así que las noches se han convertido, literalmente, en una vía de escape.

A veces pienso si importa algo cómo sea la gente por dentro, si luego no tiene posibilidad de demostrarlo. A mí me interesa saber qué haría, qué rasgos de mi personalidad influirían. Porque sí, parece que me importa más lo que soy que lo que hago. O quizá sea que veo las dos cosas unidas en una sola. No estoy segura. Me descubro a mí misma y veo muchas caras: egoísta, amable... Y suele pasar que escojo el adjetivo malo de la pareja. Algunos lo llamarán baja autoestima. Bueno, es posible. Pero me importa muy poco lo que sea.

Supongo que es lo típico que nos pasa a todas las personas, así que, ¿por qué preocuparse? Todos hemos pasado por lo mismo, todos (la mayoría) sobrevivimos. O si no todos, una gran cantidad de personas han tenido las mismas dudas que yo. Entonces ¿qué importa? Son pequeños desperfectos, problemillas sin importancia que apartar para lograr la felicidad. Bien. La felicidad no está al alcance de todos. Y esta afirmación no es solo mía. Leí una vez sobre un estudio científico que la felicidad está, en gran parte, determinada por la genética.

No todos buscamos la felicidad, no todos tenemos tan claro qué queremos conseguir. En todos los libros de autoayuda salen pautas para ayudarte a conseguir tus deseos. Pues bien, yo les pregunto a sus autores: ¿y qué coño pasa si no tienes deseos? O, peor aún, ¿si no sabes cuáles son?

martes, 22 de julio de 2014

Círculo vicioso

A veces pienso en que estamos atrapados. Mentalmente, quiero decir. O socialmente. Hay millones de películas sobre venganza y justicia. Hay millones de libros sobre eso. Pero hay algo equivocado en un mundo en el que las personas son capaces de matar a sus seres queridos por ambición (probablemente os suene a una frase de Los Juegos del Hambre), es decir, no entiendo nada.

Pienso en los jueces que imparten justicia, y a los que todo el mundo (al menos la mayoría) aprecia, porque hacen un buen trabajo. Meten en la cárcel a los criminales en la cárcel, los que tienen valor, porque luego llegan las amenazas y todo eso. ¿Y qué pasa? Que si acaban en la cárcel, lo más probable es que salgan, y si salen, se habrán forjado una personalidad a base de dolor. ¿Y de qué sirve  eso? Es un círculo vicioso del que no podemos salir así. Yo admiro a esas personas que tienen el valor para cambiar las cosas, pero ¿así? ¿Reventando un país con manifestaciones y más violencia? ¿Es que no hay algo que se pueda hacer para salir de este círculo vicioso en el que estamos metidos?

Yo pienso cómo es posible que no nos hayamos dado cuenta de que todo está más que equivocado aquí. Y, a la vez, este es el curso del mundo. ¿Aprender a base de golpes? ¿Cuál es el golpe que nos hace falta para despertar?

¿Cómo salir de este laberinto?

lunes, 5 de mayo de 2014

El aire que respiro

... no tiene sentido.
Está hecho de gritos y espadas y puños.
Esto no va a rimar o no pretende hacerlo.

... está abarrotado
de gente que lo respira y lo expulsa sin más,
llenándome los pulmones de veneno.

... es inflamable.
Algún día puede explotar y llevarme con él.
Algún día puedo ser yo quien lo incendie.

... no tiene miedo.
La que tiene miedo soy yo, esta alma
que no quiere reconocerlo.

A veces pienso en cómo el tiempo se va sin dejar ninguna huella, ninguna señal de que estuvo ahí, ningún susurro que sirva para avivar los recuerdos que se pierden, poco a poco, hasta acabar en el olvido.

domingo, 4 de mayo de 2014

Sin rumbo

La pregunta es: ¿puedes hacer algo
más que crecer y lamentarte?
He perdido la esperanza
de aspirar de nuevo el aire,
como si ya no quedara,
como si fuera irrespirable,
pero es que es la verdad,
es del todo inexplicable,
y esto no tiene sentido.
Es un daño irreparable
lo que siento ahora mismo;
quizá vuelva, y será tarde.
Y lo peor es que sabré
que no es demasiado tarde,
que no hay nada imprescindible,
que no hay nadie que me agarre
para lograr que me quede,
para lograr que me salve.

(Así estoy. ¿Es una broma?
Debe ser lo más probable)

sábado, 26 de abril de 2014

¿En serio?

De verdad. ¿En serio? ¿Esto es todo lo que hay? Una existencia que se puede ir con un soplo. Miles y miles de segundos que dejan de tener sentido cuando llega el último. Cuando todo se acaba. Y no estoy hablando necesariamente de la muerte. Estoy hablando de ese momento en el que las cosas que has hecho y que tenías planeado hacer desaparecen. Se convierten en humo.
Parece una broma.
Hoy mismo cualquier persona podría morirse. Por dentro, por fuera, ¿qué más da? Hoy mismo podríamos firmar la orfandad de todos sus sueños. Y el mundo seguiría como si nada, como si no se hubiera perdido una pieza del puzle. Al fin y al cabo, ya se repondrá, ¿no?
La humanidad tiende a pensar que es invencible.
Pero ¿en serio? Si llevamos llorando desde que nacimos.

martes, 15 de abril de 2014

Tiempo




En cada segundo se despereza

una célula de esas que asesinan,
que no quieren recordar, que marchitan
el sentir que no siento por mí sola.

En cada segundo se desvanece

una página de tiempo lustrosa,
ya sin miedo pero no deseosa
de ser el alimento del vacío.

Hoy corren los segundos hacia estrellas

fugaces como bocas en la luz,
que los tragan sin pensarlo dos veces;

y mañana quedará de este mundo

lo que no me arrebató el firmamento
para dárselo a alguien que lo aproveche.

martes, 18 de febrero de 2014

Sola

Hoy, por ejemplo, me pregunto una cosa. Me pregunto qué es realmente la nada. Por qué me siento vacía.
Las palabran me entran por un oído y salen por el otro.
Las miradas irradian mis pupilas y se extinguen en mi cerebro.
La sangre pasa por mi corazón pero yo no la siento.
El dolor de los demás choca con mi piel, y aunque intento remitirlo, creo que lo único que consigo es hacer que me afecte a mí también. Al fin y al cabo, el dolor es como una plaga, ¿no? Mientras siga habiendo una pizca en el mundo, habitará en todo y en todos.

No podía deshacerse de aquel monstruo sin autodestruirse también.

sábado, 11 de enero de 2014

Todas las historias

No sé si alguien lo habrá averiguado ya por mis entradas, o si se deduce, o si simplemente se percibe a primera vista, pero me gusta escribir historias.
He leído otros blogs de gente que, cuando empieza una historia, la termina. O al menos pasa bastante tiempo con ella, alimentándola, viendo cómo crece a base de esfuerzo. Pero las historias son como las personas: nacen, crecen y mueren. Algunas mueren jóvenes. Otras, viejas. Pero nunca nos dejan... al menos, no a mí.
Quiero recordar todas las historias que he dejado abandonadas. Son montones, lo digo de antemano. Pero que montones. Y ya son incontables todos esos flashes que han aparecido en mi cabeza y luego se han ido, sin que quedara rastro de ellos. Sin embargo, todas han pasado por mí. Todas llevan pedacitos de mí. Pedazos, pedazos en los que me rompo.

Me pregunto por qué leemos. Y aún más profundamente, por qué escribimos.
¿Leemos para conocer nuevos mundos, para viajar a otros lugares?
No.
¿Leemos para ser quienes no somos?
Sí, eso sí.
La humanidad es curiosa. Tiende a desear lo que no tiene. Y por eso leemos.
Leyendo, nos convertimos en quienes no somos.
Nos olvidamos de nosotros mismos.
Olvidamos que nuestros problemas son reales.
¿Y para qué escribimos? ¿Lo hacemos para ganar concursos, para recibir dinero, para impresionar a los demás?
No.
¿Escribimos para desahogarnos?
Es posible.
¿Escribimos para no morirnos por dentro?
Sí, esa es la respuesta.
Al menos en mi caso.