Y mi carne no es de hueso,
es de roto confiar.
Y mis iris no son cuerdos,
son de bosque y azul mar.
Y mis joyas son de hierro,
y ya otra vez no brillarán.
Y mis labios son un cuento
sin su príncipe mortal.
Y mis pies son un consuelo,
hechos polvo ya de andar.
Y mis risas son un duelo
que ya nadie escuchará.
Y mis ojos son de sueño,
y ya no te van a olvidar.
lunes, 23 de septiembre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
¿Por qué?
Veo mis sueños ocultos.
¿Ya no están?
La echo de menos.
¿Se habrá ido?
Ya no está mi infancia, no;
se marchó.
Se marchó en cuanto sentí
una flecha que iba
a mi corazón.
Luego se clavó, pero no fue miedo
ni dolor
lo que sentí.
Solo fue una certeza,
una descripción
de lo que pasaría
a continuación.
Una tristeza
sin fin
ni color.
Una tristeza
por verme invisible.
Una tristeza
por sentirme idiota.
Por sentirme idiota
delante de todos,
delante de todas,
delante de él.
Una persona a la que ni siquiera conozco.
Y me pregunto, ¿por qué?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)