Mírame a la cara,
mírame a los ojos,
por si acaso cuando vuelvas ya no puedes mirar,
por si acaso cuando estés no pueda verme reflejada,
y me encuentre frente a un pozo vacío
que nada muestra y que todo lo refleja,
buscas la salida sin saber que está en la entrada,
buscas la razón de vivir y cuando la encuentras
descubres que la tenías guardada bajo la cama.
Aquel viejo terror de la infancia...
Vuelves a ese lugar,
una y otra vez,
y el infierno se aleja de ti jugueteando.
Qué es lo que falta para que vuelvas a ascender.
Qué es lo que hay en ti que no hace más que doler.
Qué es lo que hay en ti que causa daño.
Cada herida será una terrible cuchillada,
la daga que te atraviese, empuñada por mi mano.
Mírame a la cara,
mírame a los ojos,
quizá veas algo más que un espejismo de tus rotos,
o puede que solo encuentres más dolor y más daño,
quizá mires más allá y veas mi mano tendida,
luchando por abrirme paso adonde solo tú puedes llegar,
y hablando y removiendo y creando nuevo pasado,
y aun siendo el miedo una promesa que no suele fallar,
sigo buscando dónde encerraste a aquel corazón vacío.