Tropezaste demasiadas veces.
Caíste demasiado bajo,
y sigues ahí. No nos hemos visto
desde hace tiempo, o quizá nunca
nos llegamos a ver.
Y aunque intuyo que has cambiado,
no puedo olvidar aquella sombra
que me cubría,
que me encerraba
en su asfixiante abrazo.
Aunque ahora la oscuridad sea la misma
con los ojos abiertos o cerrados.
Aunque tenga demasiado miedo
para atreverme a salir
del lugar donde tú te metiste.
Por tu cuenta.
Sin esperarnos.
Y te comieron los fantasmas
de aquel cementerio solitario,
la luz de tus ojos se apagó,
ya nada te quedaba.
Y yo estaba lejos,
lejos.
Y yo estaba sola, y tú también.
Te enterraron en la sombra, caíste al infierno.
Tus alas, que ya estaban rotas,
se quemaron
y su fuego alimentó tu ira.
Y yo estaba lejos, lejos.
Y tú estabas sola,
sola.
Pero el tiempo pasó, y los recuerdos
en niebla se tornaron.
Alguien los tomó entre sus manos
y los tiró a la basura
para construirte de nuevo.
Una nueva mirada, una nueva sonrisa
para estrenar tu nueva vida.
¿Cicatrices?
Ah, solo yo me acuerdo de ellas.
Eres una nueva coraza
para un cuerpo reutilizado.
En esa hora en que la luz del alba
más quemaba, abriste los ojos,
Y me los abriste a mí.
Y te recuerdo llorando, lejos.
Y me recuerdo gritando, sola.
miércoles, 26 de agosto de 2015
martes, 11 de agosto de 2015
Frente
Tiempo al tiempo,
un solo paso,
y después
sangre.
¿Dónde acabaron sus manos?
¿Dónde comienzan las mías?
Frías, yertas,
el corazón cansado.
Un lugar, sucio,
un parque lleno de minas,
un cielo cubierto de polvo.
Aviones rugen al pasar.
Algo ha ocurrido, y sin embargo,
yo no estoy ahí para verlo.
Algo ha ocurrido, sin que yo
llegue a saberlo.
¿Mentiras? Las oí,
pero no creí que fueran ciertas.
Ahora es tarde para estar muerta
por su lánguida ponzoña.
Tarde para escupirlas,
tarde para tragarlas,
y sin embargo aún es pronto
para que me hayan cortado,
no me dijeron que había cristales para comer...
Llegas gimiendo al hospital
donde los sueños chillan,
donde todos a los que amaste
se han disuelto entre losas blancas
y jeringuillas.
Una lágrima, un espejo,
un rostro pálido y cansado.
No sabes si destrozarte
a ti mismo, o a tu reflejo.
un solo paso,
y después
sangre.
¿Dónde acabaron sus manos?
¿Dónde comienzan las mías?
Frías, yertas,
el corazón cansado.
Un lugar, sucio,
un parque lleno de minas,
un cielo cubierto de polvo.
Aviones rugen al pasar.
Algo ha ocurrido, y sin embargo,
yo no estoy ahí para verlo.
Algo ha ocurrido, sin que yo
llegue a saberlo.
¿Mentiras? Las oí,
pero no creí que fueran ciertas.
Ahora es tarde para estar muerta
por su lánguida ponzoña.
Tarde para escupirlas,
tarde para tragarlas,
y sin embargo aún es pronto
para que me hayan cortado,
no me dijeron que había cristales para comer...
Llegas gimiendo al hospital
donde los sueños chillan,
donde todos a los que amaste
se han disuelto entre losas blancas
y jeringuillas.
Una lágrima, un espejo,
un rostro pálido y cansado.
No sabes si destrozarte
a ti mismo, o a tu reflejo.
miércoles, 5 de agosto de 2015
En el fondo
Pensándolo bien, quizá nunca debimos
haber existido.
Ni nosotros, ni nadie.
Es tan difícil curar la enfermedad de los vivos...
llorando por nadie,
ellos no sufren por nosotros,
ni por nadie.
Y si su baza es el miedo,
¿cuál es su juego?,
¿cuáles son las reglas y por qué los dados están trucados?
Amnesia e insomnio por la noche.
No sueños,
ni pesadillas.
Así es como los nombres acaban por desvanecerse,
las muecas compungidas se transforman en rostros
y el precario equilibrio amenaza con romperse.
Un solo recuerdo nos captura,
un instante inmemorial al que muchos
le suceden...
Y aun así esta lágrima de piedra en el océano
vuelve siempre a mi orilla.
haber existido.
Ni nosotros, ni nadie.
Es tan difícil curar la enfermedad de los vivos...
llorando por nadie,
ellos no sufren por nosotros,
ni por nadie.
Y si su baza es el miedo,
¿cuál es su juego?,
¿cuáles son las reglas y por qué los dados están trucados?
Amnesia e insomnio por la noche.
No sueños,
ni pesadillas.
Así es como los nombres acaban por desvanecerse,
las muecas compungidas se transforman en rostros
y el precario equilibrio amenaza con romperse.
Un solo recuerdo nos captura,
un instante inmemorial al que muchos
le suceden...
Y aun así esta lágrima de piedra en el océano
vuelve siempre a mi orilla.
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