Demasiado tiempo
de vida sustentada sin el más mínimo cimiento;
demasiadas cosas que penden de un hilo incierto,
cosas sin acabar
colgando con peso muerto.
Cosas que ni el diablo querría comprar,
hechas de fuego frío y de malos recuerdos.
Demasiado tiempo,
tiempo que se funde en un portal de silencio,
tiempo que se escurre entre los malditos dedos
pero que nunca te dejará.
¿Y qué importa que sea esto o sea lo otro,
qué importa en realidad
si lo único que quiere el mundo es vernos muertos?
Descansando en la tumba del olvido,
con una necrológica de olvido
anunciada en el periódico en un día normal.
Cubiertos por la tierra del olvido,
siempre bajo el cielo del olvido,
un cielo que brilla sin fuerza otro día más.
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