miércoles, 27 de agosto de 2014

A base de patadas

Quiero decir que hay algo erróneo en forjarse una personalidad a base de patadas. Quiero decir, también, que entonces no es mi personalidad la que está errónea, sino algo llamado victimismo. Madre mía, ¿sabéis esa gente que repatea tanto porque se hace la víctima? Yo soy una de ellas. Creo. Al menos lo reconozco, ¿no? Pero no estoy segura de que eso sirva para algo.

Resulta que he pensado mucho desde mi última entrada; en realidad, ya desde antes de escribirla llevaba un buen tiempo pensando demasiado. Y al final, ¿qué ocurre? Pues que el cerebro se anula y ya no puedes pensar si quieres seguir subsistiendo. También ocurre que te enganchas a ciertas drogas como la televisión, el ordenador, el aburrimiento o la ignorancia. Aunque, pensándolo bien, el aburrimiento no es una droga, sino la causa y la consecuencia de mi victimista problema. Mírame (mira la pantalla), ya ni siquiera sé quién soy. No sé si miento o digo la verdad.

Al final me sumerjo en un mundo donde la rutina, los momentos felices y la lucha por adjudicarme un sitio se convierten en mi principal preocupación. Creo que es una manera automática e inconsciente de bloquearme, de bloquear lo que me causa tanto dolor. ¿Y sabéis qué? Es estúpido que casi lo único que me haga daño sea yo misma. He pensado tantas cosas, he soñado tantas otras, que la lista se ha hecho demasiado grande como para poder ser cumplida. Y dado que no sé elegir, la he tachado por completo (pero aún sigue ahí colgada, ahí, en un rincón de mi mente) y he escrito sobre ella: NORMALIDAD. Vida diaria. Lo que se supone que debo hacer.

Alguno me diría: ve a un psicólogo. No estoy segura de que sea una buena opción, básicamente porque a) a mi juicio, los psicólogos no me ayudan, y b) tampoco estoy para ir a un psiquiatra. Así que aquí estoy. No me interesan los blogs de motivación personal, y por si alguien aún no se ha dado cuenta, este no es uno de ellos. Ojo, no pretendo que aquí nadie se desmoralice, ni encuentre técnicas que le hagan sentir mejor. (Si lo hacéis es cosa vuestra y contenta estaré, pero posibilidades aparte) la intención es simplemente contaros una pizca de mi vida, la que solo un par de personas conocen, si es que llega a tanto.

Otra cosa de la que voy a hablar es que me pasa algo curioso últimamente. Sueño mucho. No me refiero a imaginar o ilusionarme, sino a tener sueños, mientras duermo. Y prácticamente cada día me despierto con uno en la cabeza. Normalmente les encuentro detalles que coinciden con la realidad, con algo que he vivido o pensado. Pero otras muchas son mis deseos hechos realidad (dentro de una realidad muy imprecisa), y otras veces, mis miedos. En mis sueños, soy la persona que querría ser, y que no sé si soy. Ni siquiera me conozco lo suficiente para saberlo. Así que las noches se han convertido, literalmente, en una vía de escape.

A veces pienso si importa algo cómo sea la gente por dentro, si luego no tiene posibilidad de demostrarlo. A mí me interesa saber qué haría, qué rasgos de mi personalidad influirían. Porque sí, parece que me importa más lo que soy que lo que hago. O quizá sea que veo las dos cosas unidas en una sola. No estoy segura. Me descubro a mí misma y veo muchas caras: egoísta, amable... Y suele pasar que escojo el adjetivo malo de la pareja. Algunos lo llamarán baja autoestima. Bueno, es posible. Pero me importa muy poco lo que sea.

Supongo que es lo típico que nos pasa a todas las personas, así que, ¿por qué preocuparse? Todos hemos pasado por lo mismo, todos (la mayoría) sobrevivimos. O si no todos, una gran cantidad de personas han tenido las mismas dudas que yo. Entonces ¿qué importa? Son pequeños desperfectos, problemillas sin importancia que apartar para lograr la felicidad. Bien. La felicidad no está al alcance de todos. Y esta afirmación no es solo mía. Leí una vez sobre un estudio científico que la felicidad está, en gran parte, determinada por la genética.

No todos buscamos la felicidad, no todos tenemos tan claro qué queremos conseguir. En todos los libros de autoayuda salen pautas para ayudarte a conseguir tus deseos. Pues bien, yo les pregunto a sus autores: ¿y qué coño pasa si no tienes deseos? O, peor aún, ¿si no sabes cuáles son?

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