Tropezaste demasiadas veces.
Caíste demasiado bajo,
y sigues ahí. No nos hemos visto
desde hace tiempo, o quizá nunca
nos llegamos a ver.
Y aunque intuyo que has cambiado,
no puedo olvidar aquella sombra
que me cubría,
que me encerraba
en su asfixiante abrazo.
Aunque ahora la oscuridad sea la misma
con los ojos abiertos o cerrados.
Aunque tenga demasiado miedo
para atreverme a salir
del lugar donde tú te metiste.
Por tu cuenta.
Sin esperarnos.
Y te comieron los fantasmas
de aquel cementerio solitario,
la luz de tus ojos se apagó,
ya nada te quedaba.
Y yo estaba lejos,
lejos.
Y yo estaba sola, y tú también.
Te enterraron en la sombra, caíste al infierno.
Tus alas, que ya estaban rotas,
se quemaron
y su fuego alimentó tu ira.
Y yo estaba lejos, lejos.
Y tú estabas sola,
sola.
Pero el tiempo pasó, y los recuerdos
en niebla se tornaron.
Alguien los tomó entre sus manos
y los tiró a la basura
para construirte de nuevo.
Una nueva mirada, una nueva sonrisa
para estrenar tu nueva vida.
¿Cicatrices?
Ah, solo yo me acuerdo de ellas.
Eres una nueva coraza
para un cuerpo reutilizado.
En esa hora en que la luz del alba
más quemaba, abriste los ojos,
Y me los abriste a mí.
Y te recuerdo llorando, lejos.
Y me recuerdo gritando, sola.
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