¿Ya no están?
La echo de menos.
¿Se habrá ido?
Ya no está mi infancia, no;
se marchó.
Se marchó en cuanto sentí
una flecha que iba
a mi corazón.
Luego se clavó, pero no fue miedo
ni dolor
lo que sentí.
Solo fue una certeza,
una descripción
de lo que pasaría
a continuación.
Una tristeza
sin fin
ni color.
Una tristeza
por verme invisible.
Una tristeza
por sentirme idiota.
Por sentirme idiota
delante de todos,
delante de todas,
delante de él.
Una persona a la que ni siquiera conozco.
Y me pregunto, ¿por qué?
No hay comentarios:
Publicar un comentario