Y mi carne no es de hueso,
es de roto confiar.
Y mis iris no son cuerdos,
son de bosque y azul mar.
Y mis joyas son de hierro,
y ya otra vez no brillarán.
Y mis labios son un cuento
sin su príncipe mortal.
Y mis pies son un consuelo,
hechos polvo ya de andar.
Y mis risas son un duelo
que ya nadie escuchará.
Y mis ojos son de sueño,
y ya no te van a olvidar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario