Cada día, al despertar, revivo un trocito más de una vida imaginaria, tan imaginaria que se opone a la real y que destapa lo que siento por dentro y me niego a reconocer.
Cada día, al despertar, siento que nada ha cambiado... hasta que me doy cuenta de que un candado se ha abierto por fin en un corazón mío y neblinoso.
Y me pregunto: ¿por qué? ¿Por qué en la vida real soy incapaz de hacer lo que, quizá, verdaderamente quiero?
No hay comentarios:
Publicar un comentario